Recuerdo cuando le confesé la idea de ser atleta, corredora profesional. Anhelaba competir con los grandes, viajar por el mundo en cada Olimpiada. Jamás dio indicio de rechazo, quizás porque de todas formas, soñar no costaba nada en un lugar donde no sabías si comerías mañana, o tal vez fuese la pequeña esperanza en fuerza como impulso de un corazón sacrificado interviniendo para que un hijo sea mejor.
Todavía recuerdo las malas caras, los gritos de apatía llenos de críticas hirientes por las mañanas y las tardes de práctica.
Solo ella creía en mí, lo demostró cada vez que ahorraba para comprarme unos nuevos, porque con mi sueldo era insuficiente, también mantuvo reparados los zapatos deportivos que dejaba reventados o cuarteados de tanto ejercicio. Incluso se amanecía si era necesario. Juntas nos esmeramos por ser profesionales y cumplir nuestras metas.
Después de mucho logré estar en un campeonato de selección, el primero donde me tomarían en cuenta, de poder pertencer a la lista como una representante nacional. Entonces lo supe, la peor noticia de mi vida. Mi querida madre había caído afectada por un serio problema de salud, trasladada de emergencia a un hospital. No lo pensé, dejé todo atrás en busca de mi querida progenitora, mi adoración, sin ella seguir no tendría sentido, no así. La quería por un tiempo más, aunque sean los últimos. Tomé los buses repectivos, pero no resistí los congestionamientos vehiculares, corriendo la carrera de mi vida. Hasta que la vi. Justo a tiempo para la donación de un tipo de sangre faltante en la reserva. Fue así que se realizó la urgente operación inmediata.
Ese día perdí un concurso, sin embargo, no perdí lo más importante.
Ya han pasado años de aquello, esperé paciente próximas oportunidades y hoy soy una destacada campeona internacional. El país entero me felicitó, me invitaron a distintos sitios, según ellos "rindiendo homenaje", yo solo pienso , cuando terminan los eventos, en ir al único lugar sincero que desde un inicio me acompañó, valoró, pues jamás me dio la espalda, al lado de mamá. En la actualidad mis victorias y títulos se lo debo a ella, solo a ella, a quien siempre agradezco en público, y a nadie más.
Todavía recuerdo las malas caras, los gritos de apatía llenos de críticas hirientes por las mañanas y las tardes de práctica.
Solo ella creía en mí, lo demostró cada vez que ahorraba para comprarme unos nuevos, porque con mi sueldo era insuficiente, también mantuvo reparados los zapatos deportivos que dejaba reventados o cuarteados de tanto ejercicio. Incluso se amanecía si era necesario. Juntas nos esmeramos por ser profesionales y cumplir nuestras metas.
Después de mucho logré estar en un campeonato de selección, el primero donde me tomarían en cuenta, de poder pertencer a la lista como una representante nacional. Entonces lo supe, la peor noticia de mi vida. Mi querida madre había caído afectada por un serio problema de salud, trasladada de emergencia a un hospital. No lo pensé, dejé todo atrás en busca de mi querida progenitora, mi adoración, sin ella seguir no tendría sentido, no así. La quería por un tiempo más, aunque sean los últimos. Tomé los buses repectivos, pero no resistí los congestionamientos vehiculares, corriendo la carrera de mi vida. Hasta que la vi. Justo a tiempo para la donación de un tipo de sangre faltante en la reserva. Fue así que se realizó la urgente operación inmediata.
Ese día perdí un concurso, sin embargo, no perdí lo más importante.
Ya han pasado años de aquello, esperé paciente próximas oportunidades y hoy soy una destacada campeona internacional. El país entero me felicitó, me invitaron a distintos sitios, según ellos "rindiendo homenaje", yo solo pienso , cuando terminan los eventos, en ir al único lugar sincero que desde un inicio me acompañó, valoró, pues jamás me dio la espalda, al lado de mamá. En la actualidad mis victorias y títulos se lo debo a ella, solo a ella, a quien siempre agradezco en público, y a nadie más.

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